El marxismo y la revolución industrial

Hemos editado en castellano nuestro libro sobre marxismo y revolución industrial.

El texto se puede leer aqui : La revolucion industrial   , o en nuestro sitio web : www.robingoodfellow.info

INTRODUCCION.

“En la sección del “Capital”, libro I, destinada a la gran industria, Marx dedica un capítulo al “Desarrollo de las máquinas y de la producción mecánica”.

Él comienza por recordar el punto fundamental del comunismo revolucionario: todo progreso de la fuerza productiva del trabajo es un progreso en la explotación de la fuerza de trabajo proletaria y en el refinamiento de esta explotación. Por consiguiente “el desarrollo del empleo capitalista de las máquinas” no es más que “un método particular para fabricar plusvalía relativa”.

Los cantores del progreso técnico deberán pues repasar; éste se vuelve directamente contra el proletariado. La representación que asocia el marxismo al culto del “progreso” es pues falaz. No debe deducirse de ello que Marx, no estando “por” el progreso técnico estaba “contra” él. Como siempre, el pensamiento de Marx es dialéctico. Si el maquinismo es sinónimo de desarrollo de la plusvalía relativa, sinónimo de crecimiento de la explotación de la fuerza de trabajo, sinónimo de valorización acrecentada del capital por el hecho del acrecentamiento del plusvalor, es al mismo tiempo portador, con el desarrollo ilimitado de la productividad que anuncia, de las bases materiales de una sociedad sin clases.

Es frecuente asociar economía y medicina. Al tratarse de cuerpos orgánicos, la comparación tiene su fundamento. De hecho, entre los economistas clásicos, parte de ellos eran médicos (Petty, Quesnay,…). Si los economistas son los médicos del capitalismo, divididos en dos grandes escuelas; una que recomienda las sangrías y los enemas mientras que la otra contempla la administración de productos sicotrópicos, dopantes y euforizantes, Marx debe ser visto como un forense. Él no practica la biología del capital sino su necrología. Es situándose en el punto de vista de la sociedad futura que el cuerpo es disecado. Ésta es presente en negativo a lo largo de toda su obra. El punto de vista científico y el punto de vista revolucionario no son separables completamente. Ni economista, ni filósofo, ni sociólogo, Marx es comunista: o sea, crítico de las representaciones teóricas de las clases dominantes y actor de su derribo revolucionario.

El concepto de “revolución industrial” es parte integrante del marxismo. Por consiguiente, lo que define esta “primera” revolución industrial, suponiendo que haya habido otras, es la emergencia de la máquina.

“Hay pues que estudiar como el medio de trabajo se ha transformado de herramienta en máquina, y por lo mismo, definir la diferencia que existe entre la máquina y el instrumento manual” (Marx, Capital L.I)

Por cierto, Marx nos advierte en seguida que no se puede esperar una definición cerrada, abstracta, de la máquina. Tal tentativa, propia del modo de pensar metafísico, que imagina que es posible clasificar la realidad a priori, sería condenada al fracaso.

De entrada, como hemos visto, este progreso se vuelve contra el proletariado, del cual se trata de extraer el máximo de plusvalía. Al mismo tiempo, por todo un conjunto de razones que no expondremos aquí, el modo de producción capitalista es conducido a frenar este mismo progreso técnico, a limitar su potencial, a extraviar sus posibilidades y a derrochar las fuerzas productivas. Desde este punto de vista, la máquina es inocente de los males que conlleva; la causa de ellos es su uso capitalista.”

La previsión de la crisis de sobreproducción

En nuestro libro [1], a partir de los datos disponibles cuando se publicó, el cálculo para el ciclo en curso apuntaba al año 2019 como punto de partida de la ola de aceleración. Como la media del advenimiento de una crisis es de tres a cuatro trimestres después del inicio de una ola de aceleración (con una desviación tipo de dos trimestres), la crisis general (mundial) de sobreproducción estaba prevista hacia 2019-2020. Como explicamos en el libro, una de las principales dificultades de esta previsión es la revisión incesante de los datos y el retraso en la obtención de estos datos estabilizados. Los nuevos datos disponibles han modificado fuertemente la previsión. En adelante la situamos en 2017-2018 con una mayor probabilidad para 2017.

[1] Aparecido en junio de 2016, en francés, con el título : « Le cycle des crises aux Etats-Unis depuis 1929. Essai de systématisation de la conjoncture », Ed. L’Harmattan, 367 p.

LEER EL TEXTO COMPLETO : prevision-crisis

Sobre Cuba

A principios del siglo 20, la Revolución de Octubre en Rusia abrió el curso hacia una auténtica revolución proletaria. Sin embargo, en la década de 1920, ésta degeneró en una revolución burguesa. Y el papel histórico de la contra-revolución estaliniana y de la burocracia fue de forzar el proceso de acumulación de capital en esta área del planeta. De este modo, devino en un apéndice de la burguesía mundial, cuya función fue preparar la aparición de una burguesía nacional.

Ahí donde la burguesía, como clase, no pudo asumir un papel revolucionario, debido a sus compromisos con las clases del antiguo régimen (o con las burguesías extranjeras por lo que respecta a las revoluciones anticoloniales o antiimperialista); y debido a la debilidad numérica de la burguesía, y con ella la de la pequeña burguesía urbana, y por miedo a la clase proletaria, otras clases asumieron este papel revolucionario. Por lo que estas revoluciones son llamadas burguesas en el sentido de que no rebasan los límites del sistema capitalista mismo, y además éstas se realizan aún contra de la propia burguesía.

A partir de entonces, las revoluciones que se realizan bajo la máscara del falso comunismo estalinista en China, en Cuba, y en África, fueron revoluciones burguesas, que movilizaron sobre todo al campesinado, a la pequeña burguesía urbana y al proletariado bajo la bandera del anticolonialismo y el antiimperialismo. De este proceso emergieron regímenes, que en sentido estricto no son socialistas, dado que en su seno se desarrolló el dinero, el trabajo asalariado, el intercambio de mercancías, la división del trabajo y la explotación del proletariado, (y donde la explotación la realizan empresas propiedad del Estado en lugar de capitalistas privados, lo que en esencia no modifica nada). Una vez más, la acumulación de capital realizada de un modo bonapartista permitió la emergencia de una clase capitalista preparada para asumir las normas flexibles del mercado, y que en el plan político es capaz de asumir la perspectiva de una revolución democrática; ya que la República democrática es un régimen que permite a la burguesía en su conjunto gobernar y constituye el terreno indispensable para la victoria del proletariado.

En el caso de Cuba, que tenemos una revolución burguesa nacional, que libero al país de una camarilla subordinada a los Estados Unidos, y que, dadas las dificultades y los obstáculos para el desarrollo de la acumulación de capital (cuyo precio recayó sobre el proletariado y las clases más pobres), el país se subordino al imperialismo “soviético”. E hizo su contribución a los mitos “revolucionarios” y al oscurecimiento y la falsificación del verdadero programa comunista, revolucionario e internacionalista. Los pequeñoburgués desclasados, aventureros como Guevara o Castro no pertenecen al comunismo revolucionario. Para fomentar la acumulación de capital y los privilegios de la burocracia, la explotación, la represión y la reglamentación del proletariado, Castro no ha dudado en promover el tráfico de drogas y la prostitución, y no retrocedió ante la perspectiva desencadenar una tercera guerra mundial.

En Cuba, como en todas partes, para liberarse de sus cadenas el proletariado no tendrá más remedio que luchar por su libertad, y asegurar su independencia de clase y de su Partido, para tomar el poder político y establecer su propia dictadura revolucionaria, a fin de orientarse hacia una verdadera sociedad sin clases sociales.

1976-2016, una mirada sobre los 40 años transcurridos

En noviembre de 1976, editamos el primer número de la revista “Communisme ou Civilisation” (en adelante CouC). Contenía un texto de 22 páginas titulado, precisamente, “Communisme ou Civilisation” y 19 páginas de “tesis complementarias al nº6 de Invariance (1969)” [1].

El pequeño núcleo que publicó esta revista (y que constituye esencialmente nuestro actual órgano colectivo Robin Goodfellow) lo hizo al salir de un paso relativamente breve por el Groupe Communiste Mondial, en 1975, que abandonó rápidamente a la vista del carácter falaz de este grupo, que pretendía situarse en la línea del proyecto de retorno a Marx de Invariance, y en realidad no hacía más que, en el peor  ambiente de secta, anunciar fórmulas y letanías, en una caricatura de invariancia del marxismo que era su total osificación.

Desde el primer número, este pequeño núcleo tomó un tenor internacional, pues camaradas brasileños encontrados en París organizaron, a su regreso, y aún bajo la dictadura de los generales, un pequeño círculo de estudios del Capital de Marx, una parte del cual se agregó a Couc. Incluso a la escala microscópica que aún hoy es la nuestra, el trabajo de restauración programática se efectuaba a una escala internacional, en especial en los países de lengua latina (España, Brasil, Francia, más tarde México), pero también en Alemania (del Oeste, en la época).

Además, la fecha de 1976 marcaba igualmente un vuelco decisivo en la historia de la izquierda comunista llamada italiana y en especial del PCI-programa comunista, que lo había apostado todo por una “crisis catastrófica” prevista en 1975, que debía abrir la perspectiva “guerra o revolución”. Naturalmente, no hubo nada de esto y, lejos de extraer las conclusiones sobre la necesidad de un trabajo de retorno teórico al análisis de los ciclos y de las crisis, apoyándose sobre los textos de Marx y Engels, el PCI se hundió en su propia crisis, que concluyó en su fragmentación en 1982. Igualmente, el fracaso de la primera parte de la previsión de la izquierda comunista, relativa a la crisis de entreguerras, prevista para 1965, engendró la escisión de 1966, que a su vez dio lugar a dos revistas distintas (Invariance et Le fil du temps).

[1] Todos estos textos están disponibles en nuestra web www.robingoodfellow.info, en la rúbrica « Archivos ».

LEER EL DOCUMENTO COMPLETO (PDF) : 40ansesp

La situacion en Francia

NOTA : Este texto fue escrito (en Francès) el 17/04/2016. El analisis global continua siendo vàlida. Comentaremos la evolucion del conflicto en las proximas semanas.

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El movimiento social, emprendido después del principio del mes de marzo contra, en primera instancia, la “loi Travail”, presentada por el gobierno Valls/Hollande y del que, de momento, es difícil prever la evolución, podrá aportar tanto lo mejor como lo peor. El objetivo de este texto no es el de hacer un análisis en caliente de los acontecimientos, que se desarrollarán según su propia lógica, sino el de reflexionar sobre el contexto del que emerge este movimiento, precisamente hoy en día, en Francia, y sobre la relación de fuerzas que sería necesaria para hacer de él un verdadero movimiento de ruptura con la innoble colaboración de clases que caracteriza la vida social y política en este país desde pronto hará un siglo.

Es remarcable ver que, apenas iniciado el movimiento, las organizaciones que enmarcan el movimiento social: UNEF, CGT, FO y SUD no han esperado nada para ponerlo en su cabecera y tomar una posición avanzada en relación con la contestación. Por una parte esto es testimonio de su miedo a ver las cosas escapar a todo control, pero también muestra que el movimiento se satisfacía ampliamente con este marco. Como el gobierno, las fuerzas de la conciliación social sienten o presienten que una revuelta general es posible, y probable.

Por mucho que este movimiento busque referencias históricas, tan sólo tiene por ofrecer “victorias” que son espejismos (CPE), derrotas (jubilaciones de 2010) y el inevitable mayo del 68. Que 48 años después de la “victoria” de mayo-junio de 1968, se necesite movilizarse para impedir un aumento de la semana de trabajo y la baja de los salarios, dice mucho sobre el impasse del reformismo y sobre el hecho de que, mientras el modo de producción capitalista no haya sido abolido, ninguna “reforma”, aún obtenida al precio de una huelga general masiva, es capaz de mejorar de modo durable la suerte del proletariado.

La burguesía entre la espada y la pared.

El mayor peligro que acecha al movimiento naciente es que él sirva, in fine, para regenerar una socialdemocracia que se presentaría como una alternativa de izquierda a la austeridad prometida por el resto de la clase política, sin cuestionar nunca los fundamentos sobre los que está construida la sociedad capitalista. Entendemos por socialdemocracia regenerada la esfera de influencia que va de la izquierda del PS (Aubry, , “frondeurs” [1] a los izquierdistas (LO/NPA) pasando por los estalinistas (PCF) y el partido de izquierda (Mélenchoniens) y otros ecologistas, emboscados en las redes sociales con la candidatura de 2017 en el punto de mira. En el reflujo del movimiento contra la reforma de las jubilaciones de 2010, el eslogan “cita en el 2012”) llamó a la desmovilización en la calle en beneficio del gran circo electoral. Ya sabemos que advino de ello.

[1] Fracción del grupo parlamentario del PS que se autodenomina así, por estar “contra” la política del gobierno (pero que al final lo votan.).

Leer el texto completo (PDF) aqui : La situación en Francia

El hambre no es una cuestion de distribucion de la riqueza

“El informe de Oxfam, llamado Una economía al servicio del 1%, pone de relieve que, desde 2010, la riqueza de la mitad más pobre de la población se ha reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Esto ha ocurrido a pesar de que la población mundial ha crecido en cerca de 400 millones de personas durante el mismo período. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares, hasta alcanzar la cifra de 1,76 billones de dólares. El informe también muestra cómo la desigualdad afecta de manera desproporcionada a las mujeres; de las 62 personas más ricas del mundo, 53 son hombres y tan solo 9 son mujeres.”

https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2016-01-18/62-personas-poseen-la-misma-riqueza-que-la-mitad-de-la

Este tipo de investigación sensacionalista, que ha sido reproducido abundantemente en Facebook, oculta completamente el verdadero combate contra el modo de producción capitalista, que no concierne sólo a la mala DISTRIBUCIÓN de las riquezas, sino al MODO DE PRODUCCIÓN y a las RELACIONES DE PRODUCCIÓN.

Aun cuando los famosos “1%” más ricos donaran toda su fortuna a toda la humanidad (!!) esto serían sobre 300 $ por persona, y 600 si consideramos tan sólo los tres miles de millones de individuos más pobres.

Bonito resultado en realidad, que no resolvería en nada la miseria ni el hambre: !!

Para erradicarlos, sólo hay una solución, una revolución mundial que invierta el orden de las relaciones de producción, expropiando a los CAPITALISTAS (no “LOS RICOS”) y reorientando completamente el aparato productivo, puesto en manos de los que producen. La racionalización de la producción, el aumento de la productividad para hacer disminuir el tiempo de trabajo y aumentar la cantidad de bienes producidos para satisfacer las necesidades de todos, el aumento de la calidad de los bienes producidos, la participación de todos a la producción sólo serán posibles cuando el proletariado se haya organizado a escala mundial (la Internacional) para hacerse con el poder político y ejercer su dictadura contra las clases dominantes que se trata de expropiar para tomar el control y transformar todo el aparato de producción y de distribución.

Y ESTO NO SERÁ FÁCIL

Otro punto mortífero del eslogan del “1%”, tal como fue avanzado por movimientos como “Occupy Wall Street” deja creer que, en una relación de 1 a 10, la inversión del orden existente es una “chispa” que se producirá cuando el 99 % hayan tomado conciencia de “la injusticia” representada por la situación.

Este tipo de retórica no tiene otro efecto que el de desarmar al proletariado, sembrando ilusiones sobre las posibilidades de triunfo de una revolución social.

Pensemos que, simplemente en Francia, las fuerzas de represión, entre militares, gendarmes, policías, guardias de prisión, agentes de seguridad privados (1)…representan no mucho menos de 600.000 miembros, o sea…el 1 % de la población (¡la mayor parte armados!). La burguesía misma se apoya sobre la complicidad, y el acuerdo, por lo menos tácito, de las clases medias y de una parte del proletariado. En una dinámica revolucionaria, el proletariado deberá afrontar, para vencer o someter, mucho más que el “1%” de la población. Sin constituir un factor mecánico de ello, las crisis de sobreproducción que van a reproducirse próximamente, de una amplitud aún más feroz que la de 2007-2009, van a acelerar la dinámica de ruptura, precipitando capas enteras de la sociedad y especialmente a las clases medias, en la más negra miseria. Pero esto no garantiza por sí solo la represa de una perspectiva revolucionaria.

Mientras tanto, hay que combatir los lloriqueos humanistas estilo OXFAM y repetir siempre que nuestro combate no intenta instaurar una mayor equidad y una mejor justicia social en el seno del modo de producción capitalista, sino DESTRUIR EL CAPITAL, SU MODO DE PRODUCCIÓN Y TODOS SUS SECUACES.

Sobre la huelga de Telefonica-Movistar

Publicamos aquí en castellano una traducción de este comentario publicado en la parte francesa de nuestro blog, sobre la hulega de telefónica- Movistar España.

https://defensedumarxisme.wordpress.com/2015/09/11/telefonica-un-bilan-de-la-greve/

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En una tribuna publicada en el sitio: https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/27290-la-huelga-se-demuestra-parando.html, el pasado 16 de julio, los huelguistas de Telefónica vuelven a la dinámica que ha permitido la movilización y dan cuenta de la dificultad de unir diferentes capas proletarias que la misma evolución de la gran empresa capitalista ha separado en múltiples entidades. Si los sindicatos “oficiales” no hacen nada para superar esta situación, no hay que esperar algo mejor de los pequeños sindicatos llamados “alternativos” que han tratado, por su parte, de aprovechar la huelga para reforzar su posición. El camino de la unidad de la clase proletaria es difícil, sobretodo en una situación histórica en que las organizaciones sindicales han desertado totalmente del combate y donde la burguesía multiplica los ataques, incluida la represión contra los trabajadores.

En un comunicado publicado el 7 de septiembre (http://teleafonica.blogspot.fr/2015/09/reunion-de-comites-de-empresa-de.html) tras una reunión de los comités en Barcelona, la coordinación escribió:

Comentamos también la necesidad de que “La Marea Azul” se configure como sindicato, con las mismas atribuciones que una organización sindical, pero vemos que el proceso aún es incipiente y además no queremos que se interprete como que este sindicato nuevo pretende competir en el espacio sindical con otras organizaciones ya existentes, sino jugar un papel de catalizador y aglutinador de las diferentes siglas y corrientes sindicales partidarias de la movilización para cambiar sustancialmente las cosas. Así que, de momento, no forzaremos el paso durante este mes.”

De acuerdo con nuestra vieja consigna, “La emancipación de la clase obrera será obra de la misma clase obrera”, y es muy importante que trabajadores que han llevado a cabo una huelga larga y dura, enfrentándose a los sindicatos a las órdenes (aquí UGT y las CC.OO.), a la patronal y al Estado y su represión antisindical (un reciente estudio de la Confederación Sindical Internacional ha señalado España como uno de los países del mundo donde los derechos sindicales han retrocedido más estos últimos años), tomen a su cargo la necesidad de organización durable para construir una relación de fuerzas que conduzca a una defensa firme de los intereses del proletariado.

Pero esto no podrá hacerse limitándose a una sola rama de producción (las telecomunicaciones), aún si ella representa un sector desarrollado del proletariado. Por una parte porqué la evolución de la rama ha reenviado a una parte de los proletarios hacia un estatuto de “trabajadores independientes”, por otra porqué todo encierro en una corporación dada es mortífero, y por fin porqué las enseñanzas de la lucha de los trabajadores de Telefónica son trasladables a otros sectores que practican la cascada de la subcontratación, como el transporte, la construcción… Los exhuelguistas de Telefónica deberían tener todo el interés en abrir sus comités de lucha a otros sectores y en comenzar a federar las reacciones de los proletariados al acrecentamiento considerable de la explotación de la cual son objeto.

Bajo este punto de vista, la experiencia brasileña del movimiento “Intersindical”, que desarrolla desde hace años, de manera sistemática, pertinaz, decidida, un movimiento sindical que defiende los intereses de clase fuera de todo compromiso con la patronal y el estado, y que lucha contra los sindicatos amarillos vendidos al poder (CUT, Força sindical…) es un ejemplo a dar a conocer a los obreros de Europa.

Si ciertos fenómenos revelados por la huelga de los subcontratados de Telefónica resultaran significativos de la evolución del modo de producción capitalista en los países más desarrollados en la actualidad, ellos merecerían una atención muy particular.

Telefónica empleaba más de 80.000 asalariados en España en los años 90. Tenía el monopolio de las comunicaciones. Actualmente emplea menos de 30.000 asalariados. En el mismo tiempo la empresa se ha implantado en una veintena de países y emplea, a escala mundial, más de 120.000 asalariados. La empresa devenida multinacional no ha parado de acumular capital y de aumentar el número de asalariados que dependen de ella directamente. Esto es testimonio de un proceso de concentración y de centralización del capital. El desarrollo de Telefónica a escala mundial se ha hecho en especial por la recompra de empresas, apoyándose en los beneficios de monopolio que ha sabido mantener relativamente –aún si se erosionan continuadamente- apoyando así su reorientación estratégica.

Telefónica no es la única en haber seguido este tipo de estrategia; France Telecom, cuya cifra de negocios es inferior al de Telefónica, ha seguido un camino similar. Pero si a escala mundial concentración y centralización del capital continúan su progreso, no sucede lo mismo en España, donde los efectivos han disminuido drásticamente. Además de la llegada de nuevos concurrentes (en especial en la telefonía móvil e Internet) que erosionan las cuotas de mercado de Telefónica y los restos de su monopolio, las ganancias de productividad que disminuyen el tiempo de trabajo necesario para muchas actividades y que son otros tantos factores que limitan el número de empleos directos o indirectos que dependen de la cifra de negocios de Telefónica, la empresa ha echado mano al recurso de la subcontratación de las actividades vinculadas a la instalación y acometida de los clientes.

Esta subcontratación, habida cuenta de los precios del primer nivel (los precios concedidos por Telefónica a las empresas de primer rango con las que contrata) supondría empresas subcontratistas extremadamente productivas (o empresas deslocalizadas en países donde el nivel general de la productividad del trabajo es más bajo y con ella el valor de las mercancías, tal como se expresa en el mercado mundial[1]) para esperar obtener un beneficio en relación con el beneficio medio obtenido por los diversos capitales. Como este alto nivel de productividad no es realmente alcanzable, se trata de actividades materiales (cada cliente local es a la vez un caso general y un caso particular) con una gran parte de mano de obra, la organización de la subcontratación, bajo la mirada benevolente de Telefónica y del estado, ha evolucionado hacia una pirámide de subcontratación con, esquemáticamente, tres niveles. Contratas, subcontratas que son aún empresas que explotan a asalariados; siendo las primeras de talla superior a las otras generalmente. Por fin, un tercer nivel de subcontratación donde se halla una miríada de pequeñas empresas compuestas de trabajadores independientes que emplean muy pocos o ningún asalariado permanente.

Con el desarrollo significativo de estas pequeñas empresas compuestas de un trabajador independiente o sin asalariados permanentes, constatamos un proceso inverso al observado a escala mundial.

El desarrollo de las pequeñas (medianas) empresas y, con más razón, si se acompaña de la disolución del salariado, son una de las modalidades por las que pasa el declive relativo de los países capitalistas más desarrollados actualmente. Como regla general[2], cuánto más pequeña es la empresa, más débil es el valor añadido por asalariado. Hace tiempo que la clase política se entusiasma por la pequeña y mediana empresa, que sería la única que crearía empleos a partir de ahora. En cuanto al trabajo independiente, tiene la enorme ventaja de escapar a las limitaciones que ponen aún las leyes sobre los asalariados. Ahí, la duración del trabajo no tiene límites, las condiciones de trabajo y la seguridad pueden ser cualesquiera, la renta puede bajar sin contención.

Se reforma pues una clase híbrida que no es ya proletaria en el sentido estricto de la palabra (no es asalariada por el capital) pero cuya historia como la sujeción a un solo mando conducen a condiciones de existencia inferiores a las del proletariado, como las que viven desde siempre ciertas capas del campesinado. Pero mientras que éste último retrocede con el avance del modo de producción capitalista, la cohorte de las pequeñas empresas crece, mientras que las diferencias sociales se profundizan. Desde este punto de vista, las huelgas de los subcontratistas plantean cuestiones en cuanto a la evolución del capitalismo moderno y al camino para reunir sobre objetivos estrictamente proletarios estas nuevas clases medias que son muestra, por una parte, de un semiproletariado, y por otra, de clases mejor conocidas (pequeña patronal, clase media antigua).

En la crítica del programa de Gotha, Marx escribía:

En el Manifiesto Comunista se dice: “De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar”.

Aquí, se considera a la burguesía como una clase revolucionaria — vehículo de la gran industria — frente a los señores feudales y a las capas medias, empeñados, aquéllos y éstas, en mantener posiciones sociales que fueron creadas por formas caducas de producción. No forman, por tanto, juntamente con la burguesía, una masa reaccionaria.

Por otra parte, el proletariado es revolucionario frente a la burguesía, porque habiendo surgido sobre la base de la gran industria, aspira a despojar a la producción de su carácter capitalista, que la burguesía quiere perpetuar. Pero el Manifiesto añade que las “capas medias . . . se vuelven revolucionarias cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado”.

Por tanto, desde este punto de vista, es también absurdo decir que frente a la clase obrera “no forman más que una masa reaccionaria”, juntamente con la burguesía e incluso con los señores feudales.

¿Es que en las últimas elecciones se ha gritado a los artesanos, a los pequeños industriales, etc., y a los campesinos: Frente a nosotros, no formáis, juntamente con los burgueses y los señores feudales, más que una masa reaccionaria? “ (Marx – Critica al programa de Gotha, 1875).

(https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gothai.htm)

¿Es que en las últimas elecciones se ha gritado a los artesanos, a los pequeños industriales, etc., y a los campesinos: Frente a nosotros, no formáis, juntamente con los burgueses y los señores feudales, más que una masa reaccionaria? (Marx, Crítica del programa de Gotha)

[1] Y, como vamos a ver, son las condiciones de trabajo, de renta y de duración del trabajo propios a estos países las que van a imponerse de golpe en los países de viejo capitalismo

[2] La realidad es mucho más compleja, y no hay que sacrificarla al mito de las Pymes, tan machacado por una cierta literatura económica. De entrada ellas explotan al salariado, tanto más ferozmente por cuanto deben compensar las desventajas propias a su debilidad organizacional. Al mismo tiempo, en ciertos sectores, se puede ser un líder mundial y ser una empresa media o pequeña por el número de asalariados. La experiencia en ciertos dominios es igualmente un factor de diferenciación que puede permitir esquivar la cuestión de la dimensión y de la fuerza de trabajo asociada. Por fin, la pequeña empresa tiene igualmente una función de pionera en hacer emerger la innovación y el progreso técnico.